Escuela de gobierno

No basta con ser bueno, ni con ser honesto para ganar una elección. Y en ese contexto, es menester exigirle a los políticos profesionalidad

Todo pasa a la velocidad de la luz, más rápido de lo que la retina y el cerebro humano pueden procesar.

Viendo el debate entre los seis candidatos para la gubernatura del Estado de México, me acordé de los debates entre los candidatos del Partido Republicano en Estados Unidos cuando se veía ese alardeo del pelo rubio del candidato Trump.

Recuerdo el desprecio con el que los políticos que toda su vida se habían preparado para ser presidentes, miraban al advenedizo, rico y especulador de la ciudad de Nueva York. Y así con ese recuerdo llegué a varias conclusiones.

Por una parte, que deben llevar cuidado los políticos que nacieron para esto, que se acuerden por ejemplo de Jeb Bush, y que se sepan que los pueblos de vez en cuando, como ya pasó en México en el 2000, optan por un suicidio nuevo a un tormento conocido.

Y por otra, hay que tomar en cuenta que esta campaña del Edomex, que en realidad ya es todo un bazar de desprestigios, ha arrojado un balance aterrador ante la ausencia de propuestas.

En ese sentido, estoy de acuerdo con el expresidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, porque “el gobierno no debe ser escuela de aprendices”.

El problema es que quien despide a esos aprendices es el pueblo, y siempre lo hace después de pagar una abultada factura que cobra gran parte de nuestro destino, nuestra salud, nuestra educación y nuestro presupuesto.

No basta con ser bueno, ni con ser honesto para ganar una elección. Y en ese contexto, es menester exigirle a los políticos profesionalidad en tres aspectos.

Primero, explicarnos para qué quieren el poder a nuestro nombre. Segundo, que nos miren de frente y que demuestren que esta vez no nos robarán. Y, tercero, tener la capacidad de saber para qué están preparados.

A los políticos consolidados y tradicionales, incluida quien fue la candidata blanquiazul para contender por la presidencia de nuestro país, Josefina Vázquez Mota, o el que parece hecho por los dioses para sentarse en la silla del Palacio de Gobierno de Toluca, Alfredo del Mazo, les recuerdo que muchas veces no basta con haberse preparado toda la vida, porque se puede llegar en un momento en el que los pueblos ya no estén dispuestos a escucharte más.

La candidata de Morena, la maestra Delfina, tiene la obligación de hacer un gran esfuerzo para prepararse y para cumplir la primera regla del poder, que es: para llegar a él uno necesita creer que lo merece.

Y como pasa siempre, el candidato sorpresa, Juan Zepeda del PRD, fue el que tuvo en principio el discurso más articulado en medio de lo que fue una exhibición de vergüenzas colectivas y descalificaciones que al menos sirven para entristecer a todo el pueblo mexicano.